Datos personales

miércoles, 26 de septiembre de 2012

En el transporte público.



Me pasó hoy, como para confirmar lo que me ha pasado muchas otras veces. A las 5 de la tarde, la hora ardiente, la hora en que todos ellos quieren sexo.
Yo también pago los $0.43 para mi comodidad en la espalda  y mi falsa seguridad y al final, qué más da, venirles cargando los huevos a los cabrones estos que se me arriman por los hombros. Venir soportando sus formas de excitarme por la rodilla o cuando me acercan el hueso a mi músculo, eso cuando me toca venir sentada. Y cuando me vengo como monita guindada, por cualquier cuestión que quiera llegar rápido, es de pensar primero en rezar porque ya sé que algún insolente, se me pondrá por atrás y se moverá como buscando espacio entre mis nalgas y aprovechará mientras todo se llena. Piensan que van fornicando.

Son unos cretinos de mierda.

Piensan que por no quedar embarazados y no sufrir la regla cada 28, son unos dioses y se les debe respeto y atención a sus fáciles promesas de excitación. Son tan pobres, que son tan ridículos, muertos de sexo y aburridos como los políticos de este fascinante país.

Ellos piensan que soy como un chicle barato, a los que muchos tienen acceso.

Unos creen que pueden tocarme con sus sucias manos negras y hediondas a pisto para ayudarme a bajar, como si ya estuviera ruca. Y a mí que no me den lata, esa no es cuestión de cortesía, es cosa de calentura.

Otros creen que cuando yo los veo es porque me gustan y tan inditos que son. Si los vieran, la clásica vestimenta de una camisa tipo polo rayada o de un sólo fondo, o una camiseta, un jeans que lo han llevado puesto al menos una semana, unos zapatos marca nike que se compraron en las pulgas, y para qué les cuento, tienen un pelito, un pelito como escoba vieja.  ¿Acaso ustedes pueden pensar que eso podría gustarme?


Por si fuera poco, cuando el bote de sardinas rodante se llena, empiezan los extraordinarios olores que me incitan al asco, a la desesperación y a la migraña. Empiezan las pláticas profanas, y esos chismes que medio mundo conoce sobre las telenovelas mexicanas y la música de calle, los vecinos y la familia. Empiezan aquellos a sacar su celular último modelo “design for humans”, como si los cuches o las gallinas pudieran utilizarlos también. ¡Tan brutos mis muchachitos!  Y ahí van, jugando al “angry birds” o recibiendo llamadas de sus “amorosas”, como si el bote de sardinas fuera cabina telefónica. Van contentos todos, pendientes de quién se sube, de quién se baja o a quién se le cae la moneda para bajárselo de repente.

En ese momento, los payasos se vuelven magos, por arte de magia, se ponen un saco negro y bien planchado, con un corbatín elegante y empiezan a mirarme sin despecho, como para sacar un conejillo rosado de mis ojos, y en ese preciso momento en el que los percibo, yo los veo tan fijamente con mis ojos brillositos y encendidos como diciéndoles sí, y que al final les voy a dar un su peso por tal espectáculo. Están totalmente equivocados.

Una de muchachita ya no puede andar suelta, sola por ahí porque siempre habrá un chucho de calle. Qué pena a lo que hemos llegado, a esta inseguridad, a esta falta de respeto.

A veces no sé si me miran que los zapatos me combinan con la camisa, porque tengo esa manía de combinarme…o simplemente miran lo deforme que son mis piernas para burlarse y decirme que estoy buena. A veces no sé si se fijan en mi pelo corto, o en lo mechuda que voy, como para analizar dónde pondrán la mano cuando me besen. No sé si percibirán el olor a perfume o simplemente miran mis pechos. Una ya no puede ponerse guapa porque le roban la gracia.

Estoy de lo más harta de vivir lo mismo todos los días que me toca salida, estoy cansada de ellos, de sus faltas de ortografía y de su mala pronunciación. Todo me molesta, hasta la respiración de algún fulano o fulana que se ponga atrás de mí haciendo la fila para poder entrar al bote de sardinas, me molesta sus roses, sus miradas. Me molesta todo. Y yo que no puedo ignorarlo, sería una inconsciente, una mujer injusta, yo no me puedo callar. Me sueltan la ira.

martes, 25 de septiembre de 2012

Tourbillon

Je suis une entêtée,

une égoïste,
une pleurnicheuse,
une vilaine,
un tourbillon.

Je suis une infidèle,
une perverse,
une allumeuse,
une femme fatale,
un tourbillon.

Je suis une ridicule,
une cinglée
une obstinée,
une môme cruelle,
un tourbillon.

Je suis une femme cynique,
une coquine,
une alcoolique,
un tourbillon.

Je brûle,
je suis une mesquine,
une impitoyable
une maligne,
un tourbillon.

 Je suis une femme peu douée pour la politique
 pour les maths, pour la géo.
Je suis une distraite,
une ingrate,
un tourbillon.

Je suis très complexe,
 une fille chaud à comprendre,
 une femme qui ne sait point où aller...
un tourbillon.

Je déteste le monde,
J’aime faire semblant d’aimer,
Je ne suis pas obligée d’aimer.
Je n’aime personne,
un tourbillon.

Je suis une hypocrite,
une tyrannique,
une rebelle,
une simple mortelle,
un tourbillon.

Je suis une fillette impatiente
une inconsciente,
une malheureuse,
un tourbillon.
Je suis,
Je suis,
Je suis,
Je suis quelqu'un de spéciale: bizarre et brillante.
Un tourbillon et j'assume.

sábado, 22 de septiembre de 2012

viernes, 31 de agosto de 2012

Epístolas de amor (3)


Carta tercera

París, Enero del 2012
Étienne, estoy triste.

Finalmente decidí venir a París a pasar noche vieja, me encontré en la calle y me ofrecieron dónde dormir, al menos una noche.
  
Fui, después de cenar por ahí, a caminar un poco por “Les Champs-Élysées”, mientras me acercaba al “Arco del Triunfo”, vieras qué bonito Étienne. En el trayecto había gentes de todas partes del mundo, chocábamos los abrigos y bajábamos las miradas, yo miraba las luces que adornaban los árboles, avenidas, rotondas, parques y grandes almacenes. Tomaba fotos con mi cámara de baja calidad, para llevarme más que un recuerdo. 

Después llovía un poco, me fui siguiendo la luz que está en la mera punta de la Torre Eiffel, caminé por varios “Quais” y llegué al fin. Me paré, vi lo inmensa que es, me entretuve tomando fotos y viendo “cons” que desfilaban abrazados junto a botellas de champán. Me detuve a comprar unas torrecitas mientras esperaba que se dieran las doce, aquello me iba a parecer sorprendente por estar en París. Te voy a decir que me llevé una tremenda decepción, la torre no se iluminó más que con unas cuantas lucecitas azules y blancas. Eso fue todo.

Luego de haber esperado el tan esperado momento, me devolví, decepcionada a la morada. Caminé medio perdida entre la gente, pasé por el Sena, caminé esos puentes, sentía el frío del nuevo año. Saqué mi teléfono, miré la hora y le mandé un texto a alguien especial mientras caminaba. Aquella ciudad parecía como la misma ciudad gótica que narran las películas, figurate Étienne, los metros estaban a reventar, la gente estaba a reventar, y esperé hasta casi las 2 de la madrugada para poder caber en uno de ellos. 

Llegué, bien triste, sabiendo que me había caído la lluvia, que tenía ya un día de no bañarme y que mis pies estaban cansados de marchar. Abrí la puerta de la habitación, me senté en la cama y pensé: nada de esto se da en mi lugar. Puse la alarma para despertar temprano, dormí con la misma ropa con la que había llegado. Me había puesto 2 camisas, un suéter y un abrigo. Imaginate el frío que hacía. Desperté, después de 4 horas de haber dormido, me levanté, me fui a baño a lavarme la cara, me alisté, me despedí y fui a tomar un bus para llegar hasta la estación de tren que me traería a donde vivo.

Te escribo ahora desde el tren, los paisajes que se ven por medio de éste son magníficos, pero hoy está nublado. Me entristece. 

Desde el año pasado Étienne, que no recibo recuerdos tuyos. Espero que hayas terminado un año lleno de plenitud, que no me extrañés demasiado. No sería divertido extrañar los dos tan intensamente.
Un abrazo de feliz año nuevo,
Rocío

Epístolas de amor (2)


Carta segunda
Francia, Diciembre del 2011

Estimado Étienne,

Aún no he logrado recibir noticia de vos. Fui ahora a la oficina de correos de esta ciudad a verificar si tenían alguna entrega especial para mí, a corroborar si no se habían equivocado en la dirección de donde vivo actualmente. Bueno, con la distancia, considero que tardan mucho las respuestas en llegar. Además, considero que vos estás ocupado.
Espero saber pronto de vos, que estás bien o mal.

He tenido días agotadores y fríos; pero estoy contenta porque pronto llegan las vacaciones y descansaré de ver las mismas caras todos los días. Me estoy preguntando desde ya qué haré, a dónde iré y con quién. Normalmente no estoy sola, pero estoy lejos de casa, y de ser así, soy una abandonada. Me parece que me entristeceré en esos días, aunque esté contenta. Ya sabés, la nostalgia de la familia, los amigos y las cenas que los unen.
Todavía no logramos nosotros Étienne, una cena de esas, en familia. Si me respondés una carta, seguramente pasará que estaremos en algún lugar cenando juntos. 

Ahora te escribo, después de haberme dado mi ducha nocturna. Me traje al cuarto un té de manzanilla y una vela aromática para poder pensar tranquilamente en vos. También ahora tengo frío Étienne, un frío acumulativo que lo quitaría un par de abrazos de tus brazos y tu pecho. 

Esperaré respuesta tuya,
Quien te piensa en profundo,
Rocío